Desde abril de 2004

martes, 26 de mayo de 2009

Noruega, inglesa, africana, española, wtf?

“...Sin embargo Olav se sentía en disposición poco favorable cuando en primavera abordó las labores de la tierra. No era muy halagüeña la perspectiva de pasar un verano entero en Hestviken. No era que meditase sobre el hecho de que los días le parecerían mucho más vacíos ahora que estaba, por fin, libre de los tormentos de vivir con una mujer constantemente enferma. El tiempo le había parecido entonces muy largo; ahora pasaba muy deprisa, y su espíritu estaba saturado de una impaciencia que no le dejaba en paz. Era como si hubiera vendido su alma y hubiera salido perjudicado en el trato.

No era para extenuarse en aquel dominio encaramado en la colina, cerca de la bahía….ni para subir en sus barcos de pesca, remover la gleba, ir al molino o a Saltviken… no era para hacer todo esto para lo que había impuesto finalmente silencio a la voz que lo había advertido y que lo había traído durante tanto tiempo. El conflicto espiritual secreto que había sido toda su vida durante doce años, era como una trama tejida por el mismo y por el otro. Él se había comportado como una mujer que corta la tapicería que tiene en su telar, la arrolla y la oculta en una caja cerrada con candado. Para Olav era como si hubiese arrojado la llave al mar.

NO, él no había obrado así para vivir, en cambio, aquellos días de una monotonía y de una tranquilidad exasperantes. Había olvidado todo lo que había aprendido en Inglaterra y todas las reflexiones que entonces se había hecho hasta un punto que ni él mismo hubiera creído posible. Un vago recuerdo subsistía sin embargo, de lo que había determinado sus ideas: el canto de la chusma y el sabor de la sangre, a la vez amarga y dulce, de su juventud turbulenta, corta y arrojada, que el canto había evocado. Recordaba el placer que había sentido en los asaltos de lucha: de sus adversarios de carne y hueso, de los bandoleros de los caminos, que manejaban los cuchillos en las tinieblas. Parecía que le hubieran ofrecido las monedas de la traición: nada opulento, pero lo suficiente para arrastrarlo en el momento en que estaba a punto de renegar de Dios para siempre, dada la dificultad para un hombre felón y renegado de alistarse bajo el estandarte de su señor. Treinta monedas de plata no eran una suma que debiera tentar a Judas…si no hubiera habido la bolsa de viaje de Nuestro Señor, de la que de otra forma también hubiera habido de rendir cuentas.”

- Sigrid UNDSET, “Olav Audunssön” (III,715)